Llevo algunos años trabajando desde el feminismo, construyendo y reconstruyendo mi feminismo, des-aprendiendo, re-aprendiendo, re-construyendome; a estas alturas pocas cosas creo seguras, tengo más dudas que certezas y creo que quizá lo único constante ha sido el cambio. He tenido múltiples experiencias de las cuales aprendí que no todo es tan bonito como nos lo pintan o como pensábamos… una en su afán de querer cambiar el mundo y modificar esta realidad, a veces se cree los discursos de la feminista buena onda que clama por la equidad y la inclusión, o de los disque aliados de la “diversidad” y decides aliarte para trabajar con ellas, con ellos porque ¿qué es lo peor que podría pasar?

Quisiera contarles, en primera instancia, sobre el movimiento feminista o heterofeminista, que es donde yo he trabajado por varios años. Hay ocasiones en que una se forma una idea muy inocente, por llamarlo así, de lo que implica trabajar en una organización feminista cuya agenda no necesariamente empata con todos tus intereses. Me preguntaba en una ocasión por qué habremos tantas lesbianas trabajando el tema del aborto, por qué hacerlo nuestra prioridad en múltiples ocasiones, no significa que sea algo negativo puesto que el aborto sigue siendo una problemática no resuelta. Entonces nosotras antes de pensarnos lesbianas tendemos a pensar en la colectividad, en las mujeres en general, en la amiga, en la hermana, en la vecina, aquellas mujeres con las que crecimos y nos dimos cuenta que en algún momento de su vida o incluso en nuestra propia vida, necesitamos recurrir a un aborto. Nosotras trabajamos no solo desde las propias necesidades sino desde las de las demás mujeres, porque antes de identificarnos como lesbianas nos supimos mujeres y trabajamos entonces desde ahí, el ser mujeres y otras circunstancias que nos atraviesan nos hacen ser empáticas con diversas causas, lo cual me parece hermoso sin embargo ¿Por qué seguimos dejando nuestras necesidades al último? Si, tenemos necesidades y experiencias en común, pero devenir lesbiana nos expone a otras violencias y necesidades específicas. Devenir lesbofeminista me hizo analizar múltiples situaciones que antes no me pude cuestionar, temas del propio movimiento feminista donde he colaborado. La que me gustaría resaltar es la lesbofobia existente en este movimiento; ese heterofeminismo cuestiona y analiza al patriarcado como la principal estructura de opresión hacia las mujeres, dejando de lado la heterosexualidad, no se permiten analizar que la heterosexualidad es más que una práctica erótico/afectiva sino que forma parte de este sistema de opresión. Una de las expresiones o prácticas más cotidianas donde podemos identificar la lesbofobia es este ejercicio que hacen constantemente muchas feministas es la aclaración de lo que sí es el feminismo, donde dicen normalmente como si se les hubiera ofendido que: “ser feminista no es equivalente a ser lesbiana”, ¿por qué ser lesbiana se considera algo negativo, les parece acaso un insulto?.     

Ahora, respecto al movimiento de la diversidad y/o movimiento LGBT ha sido una constante para mi observar que muchos de estos colectivos están liderados por hombres gay quienes a pesar de considerarse y enunciarse parte de la diversidad o disidencia sexual tienen actitudes y conductas misóginas y lesbofobicas, porque se construyeron como hombres y los privilegios que ostentan (los cuales, por supuesto, no se cuestionan) les hacen únicamente adoptar un discurso incluyente cuando en la cotidianidad siguen reproduciendo esquemas de poder patriarcales y limitando las acciones que den solución a otras problemáticas que no sean las de los hombres gay, por lo que su activismo no empata con lo que nosotras necesitamos, tienden a enfocarse en la homosexualidad y homofobia únicamente, invisibilizando a las lesbianas.

 

Es ante estas circunstancias, que se formó la colectiva donde colaboró, como una respuesta ante la invisibilización sistemática donde los mismos movimientos LGBT y feminista son partícipes en múltiples ocasiones, decidimos que es necesario trabajar desde una postura crítica hacia las múltiples opresiones y priorizar nuestras necesidades como lesbianas. Me canse de seguir siendo para los otros, de poner mi energía en agendas donde yo no estaba contemplada, ya no quise seguir siendo para los otros, quise hacer algo por mí y mis compañeras. Yo creo que si algo no me atraviesa la cuerpa, no podría decir mucho de ello y mucho menos trabajarlo, por eso hablo desde mi experiencia y lo que he observado a lo largo de varios años.

Al final, la única pregunta que tengo para nosotras es la siguiente: ¿qué tanto del trabajo que hacemos es verdaderamente para nosotras?  

 

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

Betza Violencia

Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

Lidice Villanueva

Magally Gallegos

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