Me preguntó de muchas maneras, a veces como una niña asustada, otras como la mujer que quiere entender todo sobre lo humano, otras como la que se sabe dentro de la categoría en riesgo de aparecer en una maleta cortada en mil cachitos.

Mi niña asustada quiere pensar que se fueron a viajar por el mundo, a empezar una nueva vida sin decirle a nadie, a aventurarse, a amar… mi niña asustada quiere evadir la realidad, pues es desesperanzadora y aún esa niña no logra procesar, que es este mundo las mujeres valemos tan poco, como para que los miles de casos de muertas y desaparecidas, no logren indignar lo suficiente.

Y la realidad, las noticias del día, me recuerdan muchas veces que mi niña se equivoca, que las desaparecidas no van a conquistar una nueva vida ni nada de eso, que aparecemos muertas, estranguladas, que nos disparan y nos violan, que nos quitan el aliento y nos arrebatan la posibilidad de vivir, de equivocarnos, de hacer con nuestras vidas lo que nos plazca.

Y otras tantas no aparecen, de otras tantas nada se sabe, o se sabe todo y no se quiere saber. Y leo sobre hermanas que son tratadas como esclavas, a quienes engañan, a quienes roban, hermanas a las que venden y prostituyen. Ahora mismo… pienso, mientras yo escribo, cuántas de ellas están fugándose al menos en pensamiento para no estar donde están, abajo de un cuerpo que las usa, lamiendo, tocando y siendo golpeadas y abusadas una y otra vez, generando estrategias para vivir…o sobrevivir.  

Las desaparecidas van al olvido, a la agonía de sus seres queridos, a la apatía del Estado, van a ser parte de historias borrosas, donde se les responsabiliza de no estar, van al amargo recuerdo de sus madres y amigas. Van a la negación de las que sabemos que tenemos todo para estar en su lugar, pero no queremos saberlo.

Y la mujer que soy que quiere entenderlo todo, ve pocas salidas, denuncias que no proceden,  agresores premiados, víctima culpadas y señaladas, miró también que importa poco hasta que se tiene muy cerca, que seguimos queriendo tapar el sol con un dedo, que la equidad de género es un discurso al vacío en tantos espacios y que mientras tantas cosas no se modifiquen seguiremos desaparecidas, estranguladas, muertas.

Para que la desesperanza no invada a la mujer que soy, quiero pensar que lo que hago desde mi trinchera vale, pero todas las mañanas hay más muertas y desaparecidas y también más y más indiferencia. Leo en alguna imagen “que nos convertimos en semillas”, pero se nos olvida que la semilla no crece por sí sola, que necesita tierra, sol y agua. ¿Y qué tanto generamos condiciones para que crezcan semillas de humanidad? Para que dejemos de ser, productos desechables, objetos de uso, rostros con fachadas rentables, propiedad de un varón o de discursos que deciden una y otra vez por nosotras.

Y como la mujer que soy, que se sabe en riesgo, pienso que no dejaré que el miedo me invada, que seguiré caminando libre y feliz, que seguiré haciendo mi trabajo y que es mi responsabilidad buscar maneras de ser tierra y agua, porque si algún día me convierto en semilla, espero que las mujeres que se quedan sean tierra y agua para mí, para nosotras.

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

Betza Violencia

Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

Lidice Villanueva

Magally Gallegos

Ninde

Noyola