En febrero de 2015, se acercó a la Colectiva de Mujeres Diversas Sofía de 17 años buscando ayuda. Después de un año y medio de acoso por parte de los prefectos y directivos de la escuela fue expulsada de la preparatoria por ser lesbiana. En colaboración con Matrimonio Igualitario México, generamos una estrategia de litigio que se convertiría en la primera en el estado en su tipo.  Hasta antes de esa tarde, todas las agresiones que había recibido por ser lesbiana las nombraba como actos homofóbicos, sin percatarme que al hacerlo invisibilizaba la dimensión del problema de discriminación interseccional que sufrimos. 

Es importante mencionar que, al mismo tiempo, Matrimonio Igualitario México recibió otros dos casos de homofobia en la misma institución. Este hecho fue fundamental en la decisión de diferenciar los casos como hechos de lesbofobia y homofobia; ya que si bien compartían la esencia de ser actos derivados de la aversión a las diferentes orientaciones sexuales; el caso de Sofía también evidenciaba la misoginia y el machismo que caracterizan a los actos de lesbofobia.

Si ustedes buscan en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, se encontrarán que la palabra “lesbofobia” no está en el diccionario. No existe una definición porque, erróneamente, hemos dado por hecho que todas las agresiones que sufren las personas de las disidencias sexo genéricas, pueden y deben de entrar en el término homofobia.  En este sentido, desde la Colectiva, definimos a la lesbofobia como “el término acuñado para describir el odio y rechazo a las lesbianas y hacia el lesbianismo; alude a la negativa de personas, organizaciones, agencias y /o gobiernos a enfrentar la realidad y las especificidades que tiene este comportamiento sexual no heterosexual.”

Al igual que otras fobias, este sentimiento obstaculiza el goce y ejercicio de los derechos de las mujeres lesbianas en todos los aspectos de su vida: familiar, de pareja, amistad, escolar, laboral, económico, social, político, jurídico, institucional entre otros y puede manifestarse desde actos de omisión, como negar su existencia hasta agresiones físicas que terminen con su vida.  Sin embargo, aunque podamos definirla, al día de hoy no podríamos señalar datos duros sobre los índices de denuncias por actos de lesbofobia, al menos en nuestro Estado. Es decir, no existen estadísticas sobre el número de denuncias por agresiones físicas derivadas de la aversión hacia las lesbianas, ya sea por sus familiares, amistades, jefes u otra persona, tampoco tenemos la certeza de cuántas mujeres han perdido sus empleos, sus estudios por esta misma razón, mucho menos podemos hablar del número de feminicidios de mujeres lesbianas.   En el último informe del Relator LGBTI de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, nos llevamos la sorpresa de notar que los datos sobre México hacían referencia única y exclusivamente a asuntos relacionados con homofobia y transfobia; lo que sin duda generan algunas especulaciones a la pregunta de por qué no se consideró el tema como relevante en el informe: o no existen los actos discriminatorios contra las lesbianas o no se están visibilizando. La respuesta es obvia y dolorosa. Pero ¿qué podría explicar esta falta de información? y ¿qué consecuencias trae consigo? 

Consideramos que la primera pregunta responde al contexto, es decir al vivir en una sociedad heterosexual, las lesbianas representan el ultimo eslabón de la subversión al mandato de género. Se rompe en su totalidad con la opresión que el sistema patriarcal buscaba generar en las mujeres, lo que al final genera por ejemplo que no se nombre. 

Rebecca Cook, recientemente, mencionaba en la importancia de nombrar todas las formas de violencia que sufren los grupos vulnerados, por más mínima que esta fuera pues de esa manera será más fácil ubicar el problema y darle solución. Como ejemplo, una activista brasileña mencionaba que al trabajar con poblaciones afrodescendientes notaron que no podían reconocer haber sufrido alguna clase de discriminación por raza, ya que no contaban con las palabras o términos adecuados para nombrar las agresiones de las que habían sido objetivo. Esta situación sucede también con las mujeres lesbianas, ya que nos empeñamos en tratar de distinguir una sola clase de discriminación en estos actos, en lugar de pensarnos que somos sujetas de múltiples discriminaciones por el sexo, la orientación, la edad, la nacionalidad, la raza, entre otras. 

Por esta razón, el hecho de ni siquiera conocer el termino correcto para identificar el tipo de violencia que hemos sufrido, dificulta el acceso a la justicia. Por ejemplo, en un caso que involucrará a violación al derecho a la salud, no se obtendrá la misma respuesta si se denuncia penalmente como una negligencia médica que como una violación de derechos humanos. Mientras que en la primera recaerá la sanción en una persona, la segunda la resolverá el estado y por tanto, se generara un precedente que en algún momento sirva para cambiar las condiciones de otras mujeres lesbianas que atraviesen una situación similar. Pero esta información se ha limitado a personas, como nosotras, que por ciertos privilegios que gozamos dentro del sistema es que la conocemos.  Así la respuesta de las consecuencias que trae el no nombrar a la lesbofobia como tal, es que el problema no existe para el estado y por tanto este no generara ninguna política publica al respecto, pues ante sus ojos, nuestra situación no es grave ni requiere atención ni mucho menos un presupuesto para garantizar el máximo cumplimiento a sus derechos humanos. 

Es importante asumir como organizaciones de la sociedad civil que alguna vez cometimos el error de ostentarnos parte del movimiento LGBTII, que al existir un privilegio masculino dentro del mismo es que sucedió esta invisbiización. Es decir, asumir que los actos de lesbofobia pertenecían a la categoría de homofobia, ocasiono una gran pérdida de información que nos seria de utilidad para entender el pasado y el contexto actual que vivimos. 

Luego de este breve análisis, las invito a reflexionar que el hecho de rehusarnos a nombrar las cosas, situaciones y personas por los privilegios en los que vivimos; generan, como en el caso que vivimos las lesbianas, una vulneración a nuestros derechos que ha obstaculizado su ejercicio y que por tanto, la primera tarea como ONGs que queremos participar en la búsqueda de su solución, es buscar herramientas para que las personas puedan nombrar sus violencias y de esa manera tener la fotografía competa que permitirá brindar soluciones integrales. 

 

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

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Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

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